Hay un tiempo ...
Para tenerte en mis brazos y contarte la historia más hermosa que jamás hayas oído. Para enseñarte que Dios existe en el cielo, en la tierra, en cada detalle de la naturaleza y de tu cuerpo...en tu alma. Para enseñarte a sentir asombro y a emocionarte por las cosas que realmente lo merecen. Para dejar de lado los platos sucios y llevarte al parque para que puedas correr, respirar a pleno pulmón, mirar a la luna, platicar de tus sueños que son mis sueños también, para que sientas la lluvia en tu carita y descubras cada secreto de la naturaleza. Para jugar contigo una carrera, hacerte un dibujo y llenarte de mimos, abrazarte y sentir tu hermoso calor y respirar tu bello olor. Para señalarte el camino de la verdad y enseñarte a amar y a respetar la vida con tus sentimientos de niño.
Este tiempo es corto, y si me descuido se me esfumará, porque la vida no espera.
Hay un tiempo...
Para cantar en vez de rezongar, sonreir en vez de fruncir el ceño, reflexionar en vez de airarme, comprender en vez de llorar por un jarrón roto, compartir con mis mejores sentimientos mi amor por la vida y la familia. Para contestar tus preguntas, antes de que quizá llegue el momento cuando no quieras escuchar mi respuesta. Para enseñarte firme y pacientemente a decidir y a analizar, a disponer un lugar para cada cosa y a poner cada cosa en su lugar. Para mostrarte la paz del deber cumplido y comunicarlo con la fuente de la paz.
Este tiempo es breve, aprovecharé cada minuto, porque la vida no espera.
Hay un tiempo...
Para verte partir valientemente hacia la escuela y entonces extrañar tu linda y ruidosa presencia a mi lado. Para aceptar que ahora hay otros que atraen tu interés, y esperarte cuando regreses de la escuela. Para escuchar tus largas y emocionantes descripciones de lo que sucede cada día. Para enseñarte a ser independiente, responsable y sobre todo, a ser tú mismo. Para guiarte con afectuosa firmeza e inculcarte la disciplina con amor, comprensión y justicia. La casa puede esperar, el auto puede esperar, la ropa puede esperar, pero la vida no espera.
Habrá un tiempo...
Cuando las puertas ya no serán cerradas a golpes, ni habrá juguetes en la escalera, ni peleas entre los hermanos, ni marca de lápices en las paredes, entonces podré recordar con gozo los años pasados y pensar que fue mucho más de lo que pensé lo que he ganado.
Entonces habrá un tiempo para recordar y sentarme a agradecer por haber esperado a que tú crecieras y a que me ayudaras a crecer contigo. A darme cuenta que la vida sí espera y lo que espera es que seamos felices y la disfrutemos tal como se nos presenta.
Porque finalmente habrá un tiempo...
Para partir y recordarte que los lazos que nos sujetan son indestructibles, tan fuertes y firmes que estarán siempre presentes. Cuando me necesites estaré a tu lado, yo viviré en tu corazón, de una u otra manera acudiré cuando me necesites porque siempre he respetado tu vida y tus decisiones porque te amo y siempre te amaré, por el resto de tu vida.
¡Te amo hijo hermoso!
***********************************************************************
Publicado en el foro de Criando Creando por Tatairi
Mostrando entradas con la etiqueta favoritos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta favoritos. Mostrar todas las entradas
Hay un tiempo...
martes, 2 de septiembre de 2008
Publicado por Unknown en 12:29 2 comentarios
Etiquetas: favoritos, reflexiones, ser madre
Lactancia Salvaje
viernes, 23 de mayo de 2008
Por supuesto, no podia faltar este excelente articulo de Laura Gutman, que me fascina, porque es asi, porque esto de la lactancia es rendirse ante una fuerza superior y ser utilizada por una energia superior.
**********************************************************************************
**********************************************************************************
La mayoría de las madres que consultan por dificultades en la lactancia están preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y un apoyo en el varón, en la familia o en la comunidad que favorezcan el encuentro con su esencia personal.

La lactancia genuina es manifestación de nuestros aspectos más terrenales, salvajes, filogenéticos. Para dar de mamar deberíamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.
Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Y dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.
Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido

Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.
Esto es todo lo que se necesita para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser una misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.
Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.
Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Solemos razonar, leer libros de puericultura y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.
Hay una idea que atraviesa y desactiva la animalidad de la lactancia, y es la insistencia para que la madre se separe del cuerpo del bebé. Contrariamente a lo que se supone, el bebé debería ser cargado por la madre todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duerme. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en el moisés o en el cochecito o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir: si se lo bloquea, desvía su caudal.
Dar de mamar es tener el bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. Es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es locura.
Sí, hay que volverse un poco loca para maternar.
Laura Gutman
Dar de mamar es tener el bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. Es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es locura.
Sí, hay que volverse un poco loca para maternar.
Laura Gutman
Publicado por Unknown en 16:33 0 comentarios
Etiquetas: favoritos, lactancia, Laura Gutman
Suscribirse a:
Entradas (Atom)