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C.H.I.L.D. disorder

viernes, 13 de marzo de 2009

Publicado en el foro de Criandocreando




El desorden de la NIÑEZ
por Jan Hunt y Naomi Aldort
Después de la observación cercana de sus propios niños, con una edad combinada de 61 años, las observaciones de muchos otros niños en los E.E.U.U., Canadá, México, Israel, Grecia, Italia, suiza, Francia, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Escocia, y las Bahamas, y numerosos informes registrados a través de la historia, los autores han determinado que un desorden del comportamiento ampliamente distribuido ha sido pasado por alto de alguna manera por los siquiatras. Han etiquetado este desorden como "LA NIÑEZ".
Tal y como " ADD" , " ADHD" , y "Síndrome de Asperger" , LA NIÑEZ (*) No está basada en ninguna evidencia médica ni prueba cualesquiera, sin embargo puede ser un diagnostico útil para los profesionales de salud mental, los administradores de escuelas, y los padres.
Síntomas
Etapa 1:
llora cuando se le deja solo en la noche
llora cuando lo ponen en el asiento de coche
llora al ponerle pañal o cambiarle de ropa
llora cuando le hieren
Siestas muy largas, o no hace suficientes siestas
aprender a ir al baño es un proceso dificil
poca coordinación de mano-ojo
necio cuando está dentando
se enoja durante épocas de tensión familiar
babea
Etapa 2:
Hace rabietas cuando está frustrado
habla palabras incoherentes
se sube a áreas peligrosas
toma caminos caminos sin ver
necio cuando tiene hambre
insiste en el vaso preferido durante las comidas
rechaza todos los vegetales
necio después de que papá regresa de viaje
necio después de un cambio (movimiento)
necio después del nacimiento de un hermano
Torpeza, frecuentes caídas y derrames
Continúa con el comportamiento indeseado incluso cuando se le dice que no
El castigo no funciona
Etapa 3:
movimientos inesperados y repentinos
miedos irracionales que no responden a la lógica
ruidos divertidos, chillidos repentinos, risa inadecuada
habla con las muñecas y los animales de peluche
puede tener amigos imaginarios
inquieto cuando está aburrido
incapaz de quedarse quieto
carreras y subidas (anda de alla para aca)
insiste en usar la ropa preferida
no viene pronto cuando es llamado
cuenta bromas tontas
avergüenza a sus padres en público
interrumpe cuando los padres están en el teléfono
es gruñón cuando está cansado
se enoja cuando pierde en un juego
se demora cuando se le apresura
pelea con sus hermanos
insiste en hacer las cosas a su manera
el castigo no funciona
Etapa 4:
prefiere el jugar a hacer la tareas
tartamudea cuando está nervioso
no escucha razónes
selectivamente olvidadizo
habla en exceso o no habla lo suficiente
ignora las preguntas directas
de repente se comporta enérgico
comportamiento egocéntrico, egocéntrico
te ignora cuando los padres le dan sermones
es hosco cuando no se confia en el
olvida decir "por favor" y " gracias" a pesar de recordárselo cada vez
es enojón cuando está enfermo
se resiste a la enseñanza estructurada; prefiere su propia manera de aprender
el castigo no funciona
Etiología
Las causas de este desorden no están todavía claras, pero los autores sospechan que la causa primaria es el nacimiento prematuro, es decir nacimiento antes de la edad 20 (años). Esto es probablemente inevitable, pues una gestación de 20 años sería agotadora para la hembra humana.
Prevención
Este desorden no es prevenible; parece ser universal entre poblaciones de la baja edad. Sin embargo, hay varios acercamientos que pueden reducir al mínimo dificultades del comportamiento:
el colecho
el ser cargado en los primeros años
amamantarle y destetarle cuando el niño lo quiera
contacto visual
contacto fisico suave, abrazos y besos
escucharle con respeto
atención exclusiva
validación de sus sentimientos
empatía
confianza
evitar el castigo
aprendizaje natural
Pronóstico
El pronóstico es excelente, pues este desorden se desaparece en un cierto plazo, siempre y cuando las medidas preventivas enumeradas arriba se lleven a cabo. Los medicamentos no se recomiendan.
"Mientras que la gente inteligente pueda a menudo simplificar lo complejo, un tonto es más probable que complique lo simple." - Dr. Gerald Grumet (*) conveniente, Hyped, desorden imaginario de la edad baja

Para que se acostumbre....

viernes, 21 de noviembre de 2008

Siguiendo con el temita, hoy en la mañana vi en el foro de Criar y Amar, un post de Flor con el link para el siguiente anuncio (de Huggies):






Entonces, le pedimos a los bebitos (que no conocen otra cosa que el cuerpo de su madre, ni siquiera cuentan con lenguaje para racionalizar lo que sucede), que hagan algo que a la mayoria de los adultos nos cuesta trabajo, o a lo que estamos resignados -pues cómo no, si eso nos enseñaron de chiquitos-.
Para mi, lo grave no es que lo diga Huggies ni Discovery Kids, que al fin y al cabo su objetivo es vender. Lo grave es cuantas mamás y papás escucharan ese comercial y pelearan contra su instinto, como aparece en el video, sin mayor fundamento que "para que no se acostumbre"...... Yo no he visto el comercial en México, pero tampoco veo demasiado Discovery Kids, pero aun asi!
Yo creo que va siendo hora de abrir los ojos y empezar a cuestionarnos, en todas las areas, y por supuesto en una tan importante como la crianza de los hijos, y ver que lo que "se dice", muchas veces no es lo mejor para nuestros hijos, sino mas bien lo contrario.

Muerte EN LA CUNA

No quiero ni imaginarme lo que seria mi vida y la de mi familia, si esa noche, cuando mi bebita tenia 3 semanitas (edite), yo la hubiera dejado en su cuna, "para que se acostumbre" y cansada como estaba por tener un recien nacido, me hubiera dormido, sin darme cuenta que se estaba ahogando por el reflujo. Razon mas poderosa para colechar, no encuentro.

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Cuando se desparrama la noticia por la “muerte súbita” de un bebé, el miedo a lo impredecible y la falsa aseveración de que esa posibilidad es “aleatoria” -es decir que le puede ocurrir a nuestro bebe en cualquier momento- se apodera de nosotros, con la idea fortuita de que dependerá de la buena o la mala suerte que tengamos.
Sin embargo las cosas no son así. La “muerte súbita” está mal nombrada. Tendríamos que llamarla “muerte en la cuna”. Para ser más exactos, habría que denominarla: “muerte en la cuna mientras está solo.”. No hay bebes sanos que mueran súbitamente en brazos de una persona maternante. Discutir si es mejor hacerlos dormir boca arriba o boca abajo, refleja la espantosa ignorancia que los occidentales compartimos sobre el universo de los bebes. Lo único a investigar es si los bebes duermen solos o si duermen en contacto completo y absoluto con otro cuerpo humano.
Toda cría de mamífero de cualquier especie sabe que no puede ni debe estar sola, porque queda expuesta a los depredadores. El bebe humano sabe exactamente lo mismo, por eso usa sus dos principales herramientas para su supervivencia: el llanto y la succión. Ahora bien, si después de llorar y llorar y llorar, ningún adulto acude a salvarlo...porque “tiene que acostumbrarse a dormir solo”, aparecerá la resignación y la dolorosa certeza de saber que está solo en este mundo. Luego, en su afán por ser amado, reclamará presencia y contacto corporal de múltiples maneras: enfermándose, llorando en momentos inadecuados, lastimándose, no aumentando de peso, deprimiéndose…hasta que una noche…en medio de un profundo silencio, decide no despertar más.
¿Y qué hacemos los hombres y las mujeres decentes y bien pensantes? Le decimos a la mamá que vuelva a trabajar pronto, que sea fuerte, que no afloje, que no se rinda, que la queremos, que sea valiente, que se ocupe de sí misma, que tenga garra, que luche, que siga adelante.
Mientras expulsemos a todas las madres del recogimiento y el silencio de la maternidad y mientras sólo las reconozcamos en los ámbitos públicos o exitosos, seguiremos siendo todos responsables por cada bebe que decide partir, harto de soledad, quietud y frío.

Laura Gutman

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El papel del padre en la lactancia

miércoles, 2 de julio de 2008

“El papel del padre durante la lactancia podemos definirlo y moldearlo”-Carlos González


Esta es una entrevista de Arturo Meoño al pediatra Carlos González, él es autor de exitosos libros como Mi niño no me come, Bésame mucho, Un regalo para toda la vida. Además del tema de la crianza de la niñez es un experto y reconocido conferencista sobre lactancia materna.


Arturo -Según su experiencia, ¿dentro del núcleo familiar, cuáles mitos, prejuicios o “resistencias” a la lactancia son más comunes entre los hombres?

Carlos -No me da la impresión de que haya unas resistencias especiales. Más bien diría que la mayor parte de los padres están muy contentos con la lactancia. El mito es el que tiene toda la sociedad (incluyendo a la propia madre): que a lo mejor no hay suficiente leche, que a lo mejor la leche no es buena… A veces se oye decir que hay maridos que no quieren que su esposa dé el pecho porque se le va a “caer” y “estropear”, o porque creen que el pecho es un órgano erótico y por tanto pertenece al marido, y no al niño. Pero el caso es que nunca he oído a ningún padre decir estas cosas, siempre son rumores, alguien que ha oído que otro ha dicho que otro piensa… a lo mejor esas supuestas resistencias son en sí mismas un mito.


Arturo -Las masculinidades predominantes ¿nos generan obstáculos a los hombres para poder tener una adecuada participación en la lactancia de nuestros hijos e hijas? ¿O lo que tenemos son vacíos en cuanto a información, formación o educación?

Carlos -Ahí me pierdo, ¿qué son las “masculinidades predominantes”?


Arturo -Las variaciones del machismo.

Carlos -¡Ah, el machismo, y la participación en la lactancia! Ante todo, el machismo no dificulta la lactancia. Durante siglos, probablemente milenios, las mujeres han dado el pecho a pesar del machismo. Ha sido justo en el siglo en que el machismo ha disminuido un poco, y en los países en que ha disminuido, en donde la lactancia se ha visto en peligro. Supongo que es pura coincidencia.


Los padres no podemos participar en la lactancia (salvo que usemos “participar” en un sentido tan amplio que ya no tiene sentido). Podemos participar en la crianza de nuestros hijos, podemos llevarlos en brazos, cantarles, dormirles, acariciarles, lavarles, vestirles, cambiarles los pañales, jugar y hablar con ellos, llevarlos a pasear, ayudarles con los deberes, leerles libros… pero no podemos darles el pecho. Más vale acostumbrarse a ese hecho, y admitir que no es ninguna deshonra. Porque la absurda noción de que padre y madre deben hacerlo todo por igual ha llevado a algunas familias a dar biberones, “para que el padre también pueda participar”. Es fácil caer en la tentación de pensar: “mi abuelo era un machista medio salvaje, pero yo soy un hombre moderno e igualitario”. Pero cada época ha tenido sus ideas y su forma de vida, con sus ventajas y sus inconvenientes. Tal vez estamos haciendo mejor algunas cosas, pero peor otras. No, nuestro abuelo nunca cambió un pañal, pero tampoco se le hubiera ocurrido divorciarse de su esposa para irse con otra más joven, y mucho menos “olvidarse” de pagarle la pensión, o pelear ante los tribunales para poder separar a un niño de un año de su madre fines de semana alternos y dos semanas en vacaciones.


Arturo -Asumido el hecho que no podemos darles el pecho, podrías ahondar en ¿cuales serían los principales roles de nosotros los padres durante el período de lactancia?

Carlos -El papel del padre durante la lactancia no es biológico, y por tanto podemos definirlo y moldearlo a nuestro gusto. No creo que nadie pueda definir e imponer un papel como mejor que los demás. Cada familia se organiza según sus tradiciones, preferencias, expectativas y posibilidades. Los padres pueden ganar dinero para que la madre pueda dedicarse durante un tiempo al cuidado de su hijo, pueden hacer las tareas domésticas, pueden bañar al bebé y cambiarle el pañal y consolarlo cuando llora y no se calma ni con el pecho o cuando se despierta a media noche y nadie sabe qué le pasa. Pueden apoyar a su esposa, asegurarle que lo está haciendo muy bien, que están orgullosos de ver qué buena madre es, que aunque no tenga tiempo de arreglarse está más guapa que nunca. Pueden hacerla reír. Pueden protegerla frente a las críticas de familiares y otras personas que no estén de acuerdo con la lactancia. Pueden sacar al bebé a pasear un par de horitas para que la madre pueda dormir la siesta. Pueden intentar apartarse del paso y no molestar. Supongo que todos los padres hacen algunas o varias de estas cosas, en proporción variable.


Arturo -Ya que mencionaste el aspecto emocional, ¿qué necesidades puede tener nuestra pareja mientras está dando pecho, y cómo podríamos ayudarla a satisfacer estas necesidades?

Carlos -Seguro que cada madre tiene sus propias necesidades, así que siempre es buena idea empezar por preguntarle. También puede ser, por supuesto, que no sea consciente de sus propias necesidades, o que no sepa expresarlas, o que le parezcan una tontería y no se atreva a nombrarlas. O que intente amoldarse a lo que la sociedad espera(o a lo que ella cree que la sociedad espera) de ella, y dé la respuesta “correcta” en vez de la real. Parece todo muy complicado; pero al fin y al cabo no somos psicólogos, sólo maridos. Hacemos lo que podemos, y lo importante es la buena voluntad. En esa buena voluntad se incluye el suponer que también ella tiene buena voluntad, que también hace lo que puede aunque no siempre acierte. La felicidad requiere cierto esfuerzo por ambas partes.


Arturo -¿Qué diferencias y qué constancias encuentras entre los hombres que vivimos en la “cultura occidental” en comparación con las familias en la prehistoria?

Carlos -¡Anda! Cada vez me haces preguntas más difíciles. En la anterior casi no se me ocurría nada, y ahora menos. Para empezar, los hombres (varones) actuales de la “cultura occidental” son muy distintos unos de otros. Hay grandes diferencias por países, por clases sociales, por edad, por carácter… y diferencias puramente individuales. Probablemente si algo nos distingue, en general, de nuestros antepasados, es el mucho tiempo que dedicamos a trabajar, y el poco tiempo que por tanto tenemos para la familia, los amigos y para nosotros mismos. Los grandes primates en la naturaleza suelen dedicar sólo dos o tres horas al día a buscar comida y comérsela. Nosotros dedicamos ya ese tiempo a ir de compras, cocinar, comer y lavar los platos. Sólo que nosotros, antes de ir de compras, necesitamos trabajar ocho horas diarias para que nos den unos papelitos de colores con los que ir de compras. Otras diferencias importantes es que nos parece normal vivir más de 70 años, cuando nuestros antepasados debían considerar una gran suerte el pasar de 35, y que nos parece que la muerte de un niño es una catástrofe, una desgracia, una mala suerte excepcional, cuando nuestros antepasados debían contar con que al menos la mitad de sus hijos morirían en la primera infancia. ¿Y todo eso qué importa? Pues no lo sé. Por eso digo que no se me ocurre qué responder a esta pregunta…


Arturo -Nada, a mí me encanta cuando podemos ver las cosas en perspectiva histórica. Bueno, la última, a mis amigos cuando me entero que van a ser papás les digo “duerman muy bien ahora” y después cuando ya son papás y los veo con ojeras les dijo “intenten hacer pequeñas siestas a cualquier hora” y tú como doctor y como padre ¿qué sugerencias tendrías para los padres que tienen bebés lactantes?

Carlos -Aquí en España (y supongo que en otros sitios) a los jóvenes les encanta “ir de marcha”. Se van a una discoteca, y luego a otra discoteca, y cuando cierran todas se van a un “after hours”, y luego desayunan… Si les sugieres que estén en casa a las 11, o al menos a la 1 de la madrugada, te miran como si fueras extraterrestre. ¿Serán esos mismos los que, unos años después, vienen a quejarse de que el bebé no les deja dormir? Pues qué pena que me dan (risa malévola).


Bueno, ahora en serio. Tener hijos es cansado, y exige muchas horas de trabajo. Desgraciadamente, nuestro sistema económico no lo reconoce. Pretende que hagamos lo mismo que hacíamos antes, y además cuidemos a los niños, como si fuera cuestión de media horita al día. Como padre, lo primero que diría a mis “colegas” es que prueben a dormir con sus hijos. Todos en la cama grande es mucho más descansado. Que no se duerme igual que sin hijos, desde luego que no, pero es mucho más cómodo tener al bebé al lado y consolarle en seguida que recorrer cada noche el pasillo varias veces para encontrarse con un bebé totalmente desvelado, porque hemos tardado cinco minutos en acudir. Además de cómodo, dormir con los hijos es agradable, una de las cosas más divertidas que tiene la paternidad.


Y lo segundo, que no le echen a sus hijos la culpa de nuestra forma de vida. No es un bebé exigente y manipulador, que nos tiene toda la noche despiertos sin comprender que hemos de madrugar para ir al trabajo. En todo caso, echémosle la culpa a un empresario exigente y manipulador, que nos obliga a llegar temprano al trabajo sin comprender que por la noche hemos estado atendiendo a nuestro hijo. A lo mejor el empresario tampoco tiene culpa, pero al menos no es hijo nuestro.


*(Arturo Meoño el productor y director artístico de la Unidad de Radio Nederland en AL)


Fuentes:

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